viernes, 13 de noviembre de 2015
martes, 10 de noviembre de 2015
domingo, 1 de noviembre de 2015
martes, 27 de octubre de 2015
viernes, 23 de octubre de 2015
jueves, 15 de octubre de 2015
martes, 6 de octubre de 2015
sábado, 3 de octubre de 2015
martes, 29 de septiembre de 2015
lunes, 25 de noviembre de 2013
martes, 7 de mayo de 2013
Contra Catalunya (4)
Formava part de la delegació que acompanyava el president de la Generalitat, Jordi Pujol, en un dels seus primers viatges a l´estranger. En aquesta delegació hi havia tota mena de persones. El president, la seva senyora, alts funcionaris, funcionaris, empresaris, periodistes. Tots ells, tots nosaltres, viatjàvem a compte del diner públic. De quin diner públic, no importa: de vegades eren diners del país emissor y de vegades del país receptor. Era un fet molt normal pels funcionaris, pel president, potser també per la senyora del president, i més o menys irrellevant pels empresaris. Però en el cas dels periodistes, l´assumpte era més complicat. Només el diari El País es negava a deixar-se convidar pel poder autonómic i els seus enviats deien que pagaven fins la més petita de les factures, un detall que contribuia a fer créixer la brillantor de l´aurèola amb què aleshores viatjaven pel món. Tots els altres eren convidats del Govern de la Generalitat. L´explicació, més o menys oficial i rutinària, era que el president volia que els seus viatges tinguessin una cobertura periodística digna. Per això era imprescindible que una persona es desplacés fins al lloc dels fets. I com que la majoria dels mitjans de counicació catalans no podíen seguir el tren de vida del president, aquest es va decidir per la subvenció directa.
Contra Catalunya (3)
He pensat sovint en un curiós fenomen doble: per un cantó, els franquistes volien desaparèixer, si de cas, blindats per l´oblit, uns anys després. Per l´altre cantó, al catalanisme emergent li calia presentar la imatge d´un país homogeni. Un país decidit a demostrar-se a ell mateix que havia estat bell, bo i sagrat. Sense fissures, sense franquistes. Un vel de silenci va cobrir la nació. Així es cobreixen les escenes o els capítols mal resolts. La historiografia hi va contribuir: durant molts anys, els historiadors, que quasi tots eren d´esquerres, van creure que la tasca consistia a preservar la memòria dels honrats lluitadors de la clandestinitat, i encara més la dels supervivents del daurat món de la República. Hi van dedicar tots els esforços. Fins al punt que alguns epsiodis o algunes vides només van adquirir sentit al paper pautat de la historiografia resistencial. En canvi, ficar el nas a les escombraries del franquisme no els va escitar mai.
Contra Catalunya. (2)
Negar és més aviat laboriós: els dies clars, però cínics, l´autor agraeix que el lema d´aquets anys, que el barroer, moral i intelectualment barroer Conra Catalunya, hagi existit; al capdavall tot això li ha donat tema i potser encara passarà, a la fi, que aquest arribarà a ser el seu tema de la vida. Uns altres dies, tèrbols, d´ànim espès, ni tan sols cínics, l´autor i el seu orgull lamenten que s´hagin dedicat a un treball de tan escàs cubicatge intel-lectual: a l´autor li fa l´efecte que el qui va molt amb un coix finalment coixeja i si és ruc, ruqueja. Però en tot cas, l´aliment d´aquest llibre és la dissidència. Que quedi així fixat que l´autor no pretén ser imparcial, ni compondre allò -tan admirable- que en diuen un fresc temperat del seu país i del seu temps. Altres corpulències més generoses i fredes s´hauran d´encarregar d´aquest ajust, si els sembla bé. Aquí el propòsit no ha estat sinó el de donar resposta a un mandat de Joubert. "Investigueu la corrupció que deixen el temps pròspers". La corrupció, en aquest cas, d´un temps patriòticament pròsper.
miércoles, 17 de abril de 2013
Anatomía de un instante. (38)

No hubiera debido ocurrir, porque la idea de Estado de las Autonomías era por lo menos tan válida como la de los pactos de la Moncloa y casi tan necesaria como la de elaborar una Constitución. Tal vez Suárez no sabía una sola palabra de historia, según repetían sus detractores, pero lo que sí sabía es que la democracia no iba a funcionar en España si no satisfacía las aspiraciones del País vasco, Cataluña y Galicia a ver reconocidas sus singularidades históricas y lingüísticas y a gozar de una cierta autonomía política. El título VIII de la Constitución, donde se define la organización territorial del estado, pretendía responder a esas antiguas demandas; previsiblemente, su redacción encendió una batalla entre los partidos políticos cuyo saldo fue un texto híbrido, confuso y ambiguo que dejaba casi todas las puertas abiertas y que, para ser aplicado con un éxito inmediato, hubiera exigido una astucia, una sutileza, una capacidad de conciliar lo inconciliable y una intuición histórica o un sentido de la realidad que hacía principios de 1979 Suárez perdía ya de forma acelerada.
Todo empezó mucho antes de la aprobación de la Constitución y empezó bien, o como mínimo empezó bien para Suárez, que realizó en Cataluña un nuevo pase de magia. A fin de conjurar el peligro de que la izquierda que había ganado allí las elecciones generales formara un gobierno autonómico de izquierdas, Suárez se sacó de la manga a Josep Tarradellas, el último presidente del gobierno catalán en el exilio, un viejo político pragmático que garantizaba a la vez el apoyo de todos los partidos catalanes y el respeto a la Corona, el ejército y la unidad de España, de forma que su regreso en octubre de 1977 tradujo el restablecimiento tras cuarenta años de una institución republicana en una herramienta legitimadora de la monarquía parlamentaria y en una victoria del gobierno de Madrid. En Galicia las cosas no funcionaron tan bien, y en el País Vasco aún menos.
Anatomía de un instante. (37)
Si en la televisión fue casi siempre imbatible, porque la dominaba mejor que cualquier político, en el mano a mano lo era todavía más: podía sentarse a solas con un falangista, con un tecnócrata del Opus o con un guerrillero de Cristo Rey y el falangista, el tecnócrata y el guerrillero se despedían de él con la certeza de que en el fondo era un guerrillero, un falangista o un defensor del Opus, podía sentarse con un militar y, recordando sus tiempos de alférez de complemento, decir: No te preocupes, en el fondo sigo siendo un militar; podía sentarse con un monárquico; podía sentarse con un democristiano y decir: En realidad, siempre he sido un democristiano; podía sentarse con un socialdemócrata y decir: Lo que yo soy, en el fondo, es un socialdemócrata; podía sentarse con un socialista o un comunista y decir: Comunista no soy, no (o socialista), pero soy de los tuyos, porque mi familia fue republicana y en el fondo yo no he dejado de serlo. A los franquistas les decía: hay que ceder poder para ganar legitimidad y conservar el poder; a la oposición democrática le decía: Yo tengo el poder y vosotros la legitimidad: tenemos que entendernos.
jueves, 11 de abril de 2013
Los herejes imprescindibles
Fernando Savater en El País
En los primeros tiempos del cristianismo, cuando la ortodoxia aún no estaba definitivamente establecida -si es que lo ha estado alguna vez- y abundaban las vehementes discrepancias, algunos padres de la Iglesia más imaginativos solían asegurar: "oportet et haéreses esse" (o sea, que conviene que haya herejías). Ellos lo decían suponiendo que refuerzan la fe, pero también podríamos afirmarlo si creemos que los herejes sirven para espabilar a los creyentes y hacerlos más reflexivos, menos simplistas en sus dogmas. A quien le incomodan las perplejidades porque turban su placidez sectaria, los herejes sólo le despiertan ansias inquisitoriales y exterminadoras; pero a los capaces de pensar por sí mismos, aunque guarden fidelidad a su familia ideológica, los herejes les ayudan a conocer mejor las razones, los límites y sobre todo las posibles alternativas razonables de su compromiso.
La desenfadada herejía de UPyD es la clave de su notable éxito y la causa de incomprensiones
Algunos residuos quedan del franquismo en la política española y el peor de todos es la tendencia a la "adhesión inquebrantable": los míos son los míos, con razón o sin ella. Se elige un campo y se adopta una ceguera voluntaria contra cuanto puede cuestionar su excelencia, por verosímil que resulte. O somos o no somos: y claro, somos... ay. Al votante indeciso se le ofrece ante todo la certidumbre de la maldad del adversario y se le insta a que no suscite peligrosas dudas sobre la línea seguida por los "buenos": eso es hacer el juego al enemigo. Los intelectuales orgánicos de cada bandería tampoco se salen del guión, los unos denostando a la derecha corrupta y explotadora como única reflexión política de la que se sienten capaces, mientras los otros siguen dando lanzadas a la Mátrix progre por ellos imaginada como punching ball, para no calentarse más el caletre. En este campo, los herejes son perturbadores porque encierran la tentación de introducir variables no contempladas por la ortodoxia. No rechazan en bloque la fe aceptada, pero la cuestionan en ciertos aspectos y apuntan perspectivas interesantes que pertenecen a la tierra de nadie, aún inexplorada. Por eso resultan convenientes y yo diría que hasta imprescindibles salvo para los discípulos de Torquemada.
La desenfadada herejía representada por UPyD en nuestro panorama político ha sido probablemente la clave de su notable éxito y también causa de incomprensiones o malentendidos. Incluso ha aparecido una especial tribu mediática, encargada de prevenir a la población contra los males que pueden derivarse de la propagación pandémica de la gripe herética. Esta tribu tiene dos clanes: los del Oso Gubernamental advierten a los distraídos que UPyD es de derechas (para los más exagerados o en busca de aumento de sueldo, incluso deextrema derecha), aunque ocasionalmente apoye medidas semejantes a las de la izquierda; los del clan de la Mofeta Popular, en cambio, proclaman el íntimo y astuto izquierdismo de los seguidores de Rosa Díez, que se oculta bajo la piel de cordero de la defensa de la unidad nacional. Algunos no retroceden ante las declaraciones más subidas de tono: por lo que yo conozco se lleva la palma -justicia poética- un columnista balear que, asombrado por la pervivencia de los herejes, decidió la medida extrema de leer su programa y descubrió con lógico sobresalto que su ideario económico es neocomunista. Y concluye: "Les votan porque no les conocen". No faltan los que, antes de cada convocatoria electoral, se indignan contra UPyD por querer ir solos por la vida y robar votos a los demás, para después reprocharles que no han obtenido tantos como debieran para desbancar a quienes a ellos les molestan. En fin...
Pero lo más interesante de estas críticas, pintoresquismos aparte, es que revelan muy bien el funcionamiento de la mentalidad ortodoxa contra la herética: se denuncia como escandaloso tratar los asuntos políticos y sociales cada cual por sí mismo, objetivamente, en lugar de encuadrarlo en una global "forma de pensar" estereotipada de derechas o de izquierdas. Por lo visto, así no vale. Cada cuestión suscitada por la realidad que vivimos no debe ser meramente afrontada según un realismo neutro que prescinde de opciones previas, sino encuadrado en una inacabable lucha por el poder de ellos contra nosotros. Lo que de veras importa no es solucionar los problemas sino quién va a rentabilizar la solución o, aún mejor, quién va a cargar con la culpa humillante de que no se solucione. Antes de permitir que sea el preboste enemigo quien inaugure el puente, mejor que la gente se ahogue al tratar de vadear el río: eso les hará perder votos... Y quienes no compartan este edificante esquema no pueden ser más que traidores emboscados o herejes merecedores de la hoguera.
Sin embargo, anima comprobar que hay cada vez más votantes deseosos de herejías constructivas. Se está viendo, por fortuna, en el País Vasco. Aquellos primeros y denostados herejes de Basta Ya -uno de los antecedentes de UPyD- que en su momento y durante mucho tiempo después defendieron la cooperación de urgencia entre socialistas y populares para configurar una alternativa constitucionalista al nacionalismo, que abogaron siempre por la exclusión de los violentos y quienes les apoyan de las instituciones para no falsear la democracia, que realizaron manifestaciones encabezadas por las víctimas antes que por los políticos, etc... no debían de estar del todo equivocados. Su lección fue aprendida incluso por quienes con más vehemencia la cuestionaron y hoy ya las cosas cambian que da gusto verlas. Quizá no siempre, pero a veces la herejía es eficaz. Lo cual no impide que siga siendo necesaria, como demuestra que Gorka Maneiro, el parlamentario de UPy D, se haya quedado solo en el Parlamento vasco votando contra la unánime aceptación por parte de todos los demás grupos del blindaje de los privilegios que derivan de los anacrónicos derechos históricos...
Tras primero escandalizarse por sus heterodoxias, algunos restaron luego mérito a Voltaire diciendo que no eran más que tópicos de sentido común: "Es un maestro en decir bien lo que todo el mundo ya sabe", comentó una señora. A UPyD le pasa algo parecido, que a fin de cuentas sus herejías decepcionan a los exquisitos porque son puro sentido común. ¡Qué le vamos a hacer! No es más que sentido común denunciar que en ciertas autonomías haya dificultades -las que sean, la mínima ya es intolerable- para educar o realizar actos administrativos en la lengua común del Estado. Y es mero sentido común señalar que el bilingüismo puede ser en su caso un loable deseo pero nunca un objetivo obligatorio al que supeditar otros intereses, educativos o sociales. No hace falta más que sentido común para considerar una mascarada denigrante el espectáculo del Senado reunido con traductores y pinganillos en la oreja para entenderse entre españoles que comparten precisamente para eso una lengua constitucionalmente reconocida. Y defender el derecho a que la educación pública explique valores cívicos que no son de ningún partido porque ya están vigentes -como la tolerancia ante diversas opciones sexuales, el laicismo efectivo, etc...- también es mero sentido común. Raros tiempos los nuestros, en que para sentar plaza de herejes basta con pensar con toda la cabeza y no sólo con media.
Muy bien, me dirá alguno, pero entonces, si la herejía es tan imprescindible... ¿para cuándo la veremos también en UPyD? Bueno, hombre, somos aún jóvenes y tiernos, déjenos crecer un poco. Pero en último término, respondo por mi parte lo mismo que el torero al que elogiaron diciendo que ya sólo le faltaba morir en el ruedo: se hará lo que se pueda...
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