miércoles 2 de diciembre de 2009

Doctor, ¿verdad que no nos haremos daño mutuamente?


La opinión de Ángel Sánchez Ponce


Según el barómetro del CIS del mes de Septiembre, la corrupción en España preocupa solamente al 1,4% de los españoles. ¡La corrupción no preocupa! ¡uhmmm! una de dos, o el pillaje tiene buena prensa entre nuestros paisanos y, en caso de poder, todos haríamos lo mismo, o bien, damos por perdida la batalla contra esa expansiva epidemia.

Y si no preocupa a la ciudadanía ¿por qué habría de preocupar a sus representantes políticos? a los hechos me remito, en 2007, según información de El Mundo, la mesa del Parlament recibió un informe de la Sindicatura de Cuentas, donde se detallaban las malas prácticas urbanísticas que se daban en Santa Coloma de Gramanet y ningún grupo político requirió la comparecencia del síndico para explicar la situación: ahora sabemos que no se trató el tema en sede parlamentaria porque el orden del día era muy extenso, del mismo modo, el Parlament tenía conocimiento de las actividades irregulares de Millet, desde bastante antes de que se descubriera el pastel del Palau, sin embargo, no se tomaron medidas al respecto, hemos de suponer que el orden del día seguía siendo inabarcable.

No es de extrañar, pues, que en referencia al caso ‘Pretoria’ el diario Público nos ofrezca este titular: “Montilla y Mas ponen sordina a la corrupción. Ambos eluden los reproches para que la operación no aumente el desapego por los políticos”. Entiendo yo que lo sensato sería pensar lo contrario, es decir, que el escaqueo descarado, ese silbar mirando para otro lado, por parte de ambos dirigentes, empeora la percepción que tiene el ciudadano por sus representantes y fomenta el desapego hacia ellos.

Sucede que lo que han protagonizado gobierno y principal partido de la oposición en el Parlament es obedecer al patriarca Pujol, que poco antes había afirmado en la televisión pública catalana: ‘no conviene tirar de la manta porque todos saldremos perdiendo’; así, dicho con naturalidad, pontificando, saboreando la certeza de que nadie de entre la clase política catalana alzará la voz contra tamaña desvergüenza.

Así las cosas, han tenido que ser instituciones de fuera de Cataluña, ¡qué ultraje!, como la Audiencia Nacional, la Fiscalía y la Inspección de Hacienda, las que han tirado de la manta debido a que aquí, o han faltado redaños o todos tienen algo que ocultar. Y esto es lo que hay, nada que no se parezca a lo que ocurre en otros lugares, sólo que aquí, lo hacen unos tipos envueltos en la bandera de Wifredo. Nos chulean, nos trajinan, nos hacen pagar la cama y, cuando se les descubre, solo aciertan a insinuar lo que el paciente aquél a su dentista. En vista de ese exiguo 1,4 %, tal vez, nos lo merecemos.

sábado 28 de noviembre de 2009

Los terribles contrastes


HERMANN TERTSCH

HA sido probablemente lo más reconfortante de esta semana. Angela Merkel ha hablado ante el pleno del Congreso norteamericano, Casa de Representantes y Senado unidos. Ha sido un discurso como el que muchos soñamos escuchar de nuestros propios representantes y líderes. Muy pocos han sido los dirigentes extranjeros que han recibido semejante deferencia en Washington. Se ha dicho que Konrad Adenauer, el padre de la República Federal Alemana, hace la friolera de 56 años, recibió el mismo honor. No es exacto. Adenauer habló ante ambas cámaras, el único canciller alemán hasta ahora en hacerlo, pero no en sesión conjunta. Angela Merkel ha adquirido así un puesto muy especial en la jerarquía de relaciones con la administración norteamericana. Ante actos realmente históricos como éste producen hilaridad cuando no vergüenza los patéticos esfuerzos de algunos de presentar su foto semigótica con Barack Obama como un encuentro planetario. Y el efímero encuentro en el Despacho Oval como el principio de una larga y profunda amistad. Pero eso sucede cuando quien habla no sabe nada de casi nada y mucho menos de historia, de simbolismos, de la profundidad que confiere a las relaciones políticas y humanas una comunión de valores. Cuando no se sabe más que de insidias barriobajeras de trepadores e intrigantes de partido semileninista. Si hay algo que ofende quizás más que la incompetencia y el desprecio a la inteligencia ajena es la ignorancia paleta de la que hacen gala algunos dirigentes de este Partido Socialista nuestro, sobre todo los que más hablan. Ignaros arrogantes con trajes y vestidos nuevos que jamás habrían podido comprarse con un salario merecido en el mercado libre. Ustedes ya saben quiénes son.
El discurso de Merkel no tiene desperdicio por su altura de miras, su calidad humana y su sabiduría política. Por supuesto que muy probablemente no sea todo el texto obra suya. Pero suya es la responsabilidad de haber escogido a la gente adecuada para que el discurso que aprobó y pronunció ante el Congreso en el Capitolio haya sido de lo mejor que se ha podido oír en mucho tiempo sobre los retos y los anhelos de la libertad. Sobre la dignidad de la persona y sobre la grandeza de la política, sobre el sacrificio y sobre la gratitud inexcusable a quienes lo hacen, sobre la fuerza de las ideas y el peligro de su debilidad para todos los valores que los hombres libres han de defender. Decenas de veces fue interrumpida por los aplausos y al final de su discurso toda la sala se puso en pie para brindar a la canciller varios minutos de ovación continua y entusiasta. Merkel habló de su infancia y juventud en una dictadura comunista que aquí aún muchos defienden. Y de sus sueños desde entonces del gran país de las oportunidades infinitas que otorgan el esfuerzo, el talento y la libertad. Habló de la grandeza de la democracia que da vía libre al individuo. Y por tanto de la miseria de los experimentos sociales que desde el Estado reprimen al ser humano en aras de promesas de felicidades futuras imposibles y siempre a la postre sangrientas. Merkel dio una lección de historia de una mujer que, súbdita de una dictadura miserable, ha logrado dirigir a la mayor potencia europea. Y lo hizo dando las gracias a Estados Unidos, que tantos hijos ha sacrificado por la libertad de tierras lejanas a las que sólo los unían sus antepasados. Grandeza había en sus palabras. Vergüenza daba recordar la charlatanería buenista y provinciana de nuestro Gran Timonel en su breve paso por Washington.

lunes 23 de noviembre de 2009

Espíritu ciudadano.

domingo 22 de noviembre de 2009

Doñana: chapapote sin Nunca Mais


Antonio Burgos en ABC


ME encantan estos ecologistas. Estos ecologistas a los que me refiero no son los amorosa y desinteresadamente preocupados por el medio ambiente, sino los pegatineros y piqueteros del «Nunca mais». Hablan o callan según sea la conveniencia política de quienes les dan las instrucciones y la consigna del día para utilizar el agujero de ozono contra la derecha y contra el Papa si se tercia.
¿Cuántos desastres medioambientales mayores que el del chapapote en la Costa de la Muerte ha habido posteriormente en España, pero como ya habían echado al PP de La Moncloa, que era de lo que se trataba, estos ecologistas han estado más callados que la gente viendo la más que tomista, escolástica mano izquierda de El Cid la otra tarde en las Colombinas de Huelva? Vámonos por Huelva, que dicen los que van a cantar un fandango. El fandango que quiero cantar, aunque desentone de la corrección política impuesta por la dictadura del pensamiento único, es que me gustaría preguntar a uno de estos ecologistas de mierda cómo se le llama al «chapapote» en el término municipal de Almonte o, al otro lado de la desembocadura del Guadalquivir, en Sanlúcar de Barrameda y en la Punta de Malandar. Porque, señores, ni Costa de la Muerte ni leches. En la Costa de la Muerte había cuatro criaderos de percebes y cuatro piedras locas, preciosas, eso sí. Pero en el término municipal de Almonte, en sus privilegiados 40 kilómetros de playa, está el antiguo Coto de Doñana, hoy Parque Nacional. Que nuestro dinero nos cuesta por cierto. Y en aquel entorno, maravilla de la Naturaleza, patrimonio de la Humanidad y sigan ustedes poniendo elogios, se ha producido un vertido de crudo, si no tan intenso como el de la Costa de la Muerte, que pintó de Rey Baltasar al litoral gallego, sí al menos extenso, a lo largo de 14 kilómetros de esa costa virgen y privilegiada, donde sólo pueden poner el pie los coquineros... y los presidentes del Gobierno que se van a Doñana a mangar veraneo gratis total.
En el puerto exterior de Huelva se rompió una tubería de petróleo, se produjo un vertido de crudo en toda regla, las corrientes arrastraron lo que antes se llamaba «marea negra» hacia Poniente, hacia Mazagón y Matalascañas, y las que eran conocidas de antiguo como Playas de Castilla se han llenado de galletas de fuel. Galletas conocidísimas. Gracias a los ecologistas profesionales de carné y pancarta, sabemos en España de las galletas de fuel más que de las galletas Fontaneda. Pero a efectos de los profesionales del ecologismo, hay galletas de fuel y galletas de fuel. Como la cerveza con alcohol y la cerveza sin alcohol, o como la leche entera o la desnatada, para los ecologistas de guardia y de consigna hay galletas de fuel del PP y galletas de fuel del PSOE. Como el colesterol bueno y el colesterol malo, las dañinas son las galletas de fuel del PP, que son las llegan a las playas cuando ese partido está en el poder: ejemplo, la Costa de la Muerte y el «Nunca Mais». Pero las galletas de fuel del PSOE son completamente inocuas. Es más, hasta cierto punto son convenientes, porque siempre pueden ser aprovechadas para dar a las playas un escamondado a fondo mientras se quitan.
Las que han llegado a Doñana, a las playas vírgenes del Parque Nacional, a aquella maravilla paradisíaca, son, en efecto, galletas de fuel del PSOE. Del PSOE que está en el poder en Madrid, en la Junta de Andalucía, en la Diputación de Huelva y hasta en el Ayuntamiento de Almonte. Así que de «Nunca mais», nada, chicos, toca callar. ¿Se imaginan la que tendrían liada a estas horas los gachós del «Nunca mais» si el chapapote hubiera llegado a Doñana con el PP en el poder? (Mentís final: ZP no es gafe. A Doñana ha llegado el chapapote con ZP mangando veraneo gratis total en La Mareta).

sábado 21 de noviembre de 2009

No hago política: digo la verdad.

"No hago política: digo la verdad", esto es lo que gritó el cantante Manolo García, en su última actuación barcelonesa. En este país, mentiroso es sinónimo de político. Ese es un gran déficit, cada mentira de un político es un paso más hacia la abstención.
Manolo García que mienta lo que quiera, lo importante es que siga cantando temas como "Insurrección", el clásico de EL último de la fila.

viernes 20 de noviembre de 2009

Hablad en castellano a vuestros hijos


Jesús Royo en La Voz Libre.




Cuando se proclamó la República, en el año 31, un familiar mío iba a escuela. Entonces pusieron una clase de catalán. Su padre, catalán de pura cepa, protestó: no quería que le enseñasen el catalán. Decía: “la República, que mande en la República; en mi hijo mando yo”. El catalán, según él, ya lo hablaba en casa, ya lo sabía de sobra. En la escuela, decía, debía aprenderse el castellano, la lengua útil.

Parte del drama de los hijos de los inmigrantes es que, con la escuela franquista, teníamos muy pocas posibilidades de aprender el catalán. Y, sólo con el castellano, las posibilidades de acceder a todas partes eran muy limitadas.

Los que durante el franquismo reclamábamos el catalán en la escuela, creíamos que era un derecho también –y sobre todo– de los inmigrantes: para romper el gueto lingüístico en que se encontraban confinados.

Ahora, las cosas puede que sean al revés. Si toda la escuela es en catalán, los niños catalanohablantes están teniendo con el castellano un contacto esporádico y tangencial. Ya empiezan a salir promociones de chicos con un castellano que da grima. Esos muchachos llenarán despachos y oficinas, y se empezará a notar su deficiente preparación en lengua castellana. Quizá dentro de poco veremos que el mercado laboral prefiere a los chicos castellanohablantes: con un buen catalán, pero con un castellano castizo, vivaz y auténtico. No me extrañaría que pronto pidiesen más castellano en la escuela precisamente los padres de los niños catalanohablantes. Eso sí sería una ironía.

En las parejas mixtas –como la mía– se plantea en qué lengua hablar a los hijos. Yo, en el año 80, escogí el catalán, en parte por solidaridad con la lengua perseguida, y también porque la escuela era aún castellana. Hoy quizá escogería el castellano como lengua familiar: el catalán ya lo aprenden en la escuela.

jueves 19 de noviembre de 2009

País de la gente a la orilla de la corriente y los grandes Señores.


Se acaba de editar "El Atlas de los nombres verdaderos", un divertimento en el los lugares se llaman con su nombre original. Por ejemplo a Catalunya se le denomina "País de la gente a la orilla de la corriente y los grandes Señores".

Haz click aquí: http://www.kalimedia.com/Atlas_Nombres_Verdaderos.html

martes 17 de noviembre de 2009

Enemigo débil


“Sólo los necios y engreídos pueden creer que un enemigo débil no puede dañarnos. Es tanto como creer que una chispa no puede causar un incendio”


SHAKESPEARE

lunes 16 de noviembre de 2009

L´Hospitalet de Llobregat, la ciudad del soterramiento.


Hace unas semanas se presentó el estudio de soterramiento de la Linea de Vilanova i la Geltrú (C2) a su paso por L´Hospitalet. Un proyecto largamente reivindicado ya que actualmente las vías dividen y fracturan la ciudad.
Es raro que se haya tardado tanto en soterrar las vías del tren. Una ciudad que lleva 30 años soterrando, escondiendo una mala gestión. 30 años tapando tics caciquiles y dictatoriales. En L´Hospitalet hay que soterrar las vías y hay que desentaponar ese compacto engrudo que deja fluir los aires de libertad y ciudadanía.

domingo 15 de noviembre de 2009

Los intelectuales se pudren


Álvaro Delgado Gal en ABC


En 1892 despareció de las sierras del noroeste la cabra montés; el lince ibérico está en un ay, y el quebrantahuesos dibuja círculos cada vez más erráticos alrededor de tal cual eminencia pirenaica y otros tantos, no muchos, peñascales del sureste peninsular. ¿Hemos concluido la relación de especies extintas o en trance de extinción? No. Queda el intelectual, una subespecie adscrita al taxón homo sapiens. Los intelectuales languidecen por lo mismo que vino a menos la cabra del noroeste o amenazan con tomar las de Villadiego el lince y el quebrantahuesos. Sencillamente, los intelectuales se han quedado sin entorno: los nichos en que acostumbraban a desenvolver su existencia se han visto expuestos, durante los últimos tres o cuatro decenios, a un erosión insistente, progresiva, y probablemente irreversible.
Hago esta constatación como parte interesada, porque yo mismo soy, y lo declaro sin jactancia alguna, es más, lo admito con cierta violencia íntima, un intelectual, quiero decir, alguien que se gana la vida traficando con ideas. Es difícil que una idea sea buena, y punto menos que imposible, que sea original. Puesto que carezco de títulos para considerarme distinto de la mayoría, concedo de barato que las ideas con que trafico son malas antes que buenas, y que rara vez, o quizá nunca, son mías de verdad. Pero esto da igual. El caso es que, en tanto que soldado de tropa, de la tropa menguante, desastrada, dejada de la mano de Dios, de los intelectuales, me he preguntado, me pregunto con solicitud creciente, por qué se nos ha puesto el viento tan de cara, o empleando una expresión que una vez le oí a Vargas Llosa en un lugar cuya mención no viene a cuento, cuándo demonios se jodió el Perú.
Es cierto que los intelectuales no han dejado de equivocarse desde hace tres cuartos de siglo. Causa cierta consternación leer una requisitoria como Past Imperfect, de Tony Judt. Entre 1944 y 1956 la clase intelectual francesa, con excepciones contadas -Raymond Aron, y poco más-, desplegó una incomprensión absoluta de la democracia parlamentaria y la libertad económica, y, en paralelo, una indecorosa simpatía hacia Stalin. Las rectificaciones fueron tardías, torpes, e insuficientes. Era entendible, es más, era justo, que el error repetido pasara factura. Pero esto no me basta. Aquí estamos hablando de ecología, no de moral. El intríngulis no está en que el intelectual haya incurrido en la desaprobación del respetable. El caso es más humillante. Lo que ocurre, es que se ha hecho invisible para el resto de la sociedad. ¿Cómo explicarse el desvanecimiento, el eclipse absoluto?
Situémonos en España, que conocemos mejor que Francia o Italia. A lo largo de los cincuenta, de los sesenta, incluso durante la primera mitad de los setenta, los intelectuales solían ser de izquierdas. No necesariamente, por supuesto. Pero lo más frecuente es que estuvieran situados a babor, en alianza explícita o implícita con el Partido Comunista. Esto era por entero natural. El franquismo, tan eficaz, a partir de los últimos cincuenta, en el manejo de la intendencia, tan instalado, no sólo en el poder, sino en la propia sociedad española, ofrecía una diana clarísima a la crítica ideológica. El sistema de formas y conceptos que proponía el Régimen a los españoles era anacrónico, atrabiliario, y en muchos sentidos grotesco. Ello facilitó un empleo, habilitó un lugar bajo el sol, al intelectual. Por el lado sociológico, que no estrictamente ideológico, se verificó un fenómeno aún más importante. La izquierda, obligada por la Dictadura a renunciar a la política en su acepción ordinaria, se refugió en la cultura y la universidad. En tanto que la derecha se socializaba en la empresa, o en las profesiones donde confluyen la administración pública y la administración de las cosas en general -el Derecho, las grandes oposiciones a las carreras del Estado, etc...-, la izquierda se socializó en la colonización de las ideas. Las dos, tanto la izquierda como la derecha, ofrecían a sus oficiantes un cursus honorum, un peculiar camino de perfección. La diferencia estaba en la estaciones que ese camino recorría. La derecha fatigó el que ya se ha dicho. La izquierda eligió la pana y la virtud airada y consiguió no sentirse inútil a despecho de su ubicación marginal.
¿Hemos terminado? No. Mucho antes de que Zola se subiera a la tribuna para enunciar su «Yo acuso», Marx, un inteligente desclasado, había sabido abrir un hueco a los intelectuales entre el macizo de la burguesía y el macizo del proletariado. En 1844 (Introducción a la crítica de la filosofía hegeliana del derecho) escribió: «Así como la filosofía averigua sus armas materiales en el proletariado, el proletariado encuentra sus armas intelectuales en la filosofía... La filosofía es la cabeza, el proletariado, el corazón».
A lo largo del tiempo, los intelectuales habían desempeñado funciones varias: la de apologistas al servicio de la Iglesia, la de humanistas o poetas en la corte del príncipe, la de bohemios y malditos en las grandes metrópolis europeas del XIX. El marxismo les propone un papel mucho más prometedor: el de parteros de la Historia, que halla en ellos un vehículo y, a la vez, un heraldo, un oráculo. En términos sicológicos, el retorno de esta atribución, o más valdría decir, autoatribución, fue inmenso. Los intelectuales se hallaban lejos de los despachos, de los coches oficiales, de los restaurantes de cinco tenedores. Pero, ¡caramba!, la razón y el futuro estaban de su lado. Y el enemigo era localizable, andaba distraído apretando botones en el puente de mando, y presentaba flancos débiles.
Conviene señalar en passant que el engreimiento de los intelectuales, un fenómeno en parte reivindicativo, en parte compensatorio, tuvo su lado bueno. Muchas personas honradas, voluntariosas, con hambre de balón, volcaron su energía en la edición, la literatura, el arte y la enseñanza. La melancolía innegable que ahora aflige a la cultura se debe en alguna medida al hecho de que la vida pública se ha abierto y los que habrían ido para intelectuales hace cuarenta años, se dedican a echar buen pelo en los negocios y la política. Pero esto es secundario. El cataclismo, el desastre, es de calibre mucho mayor: ostenta el carácter mayúsculo que los marxistas infieren a la hache cuando escriben «Historia».
A pesar del sesgo futurista de la filosofía marxiana, el intelectual conjeturado por Marx en 1844 trascendía a Antiguo Régimen. Se trataba de una figura en la que se fundían, como en un cuño, el pastor de pueblos y el levita bíblico. Sorprendentemente, la democracia ha derivado, sí, en un experimento radical, aunque no según lo soñaron los viejos revolucionarios, sino en línea mucho más afín a las teorías del mercado: sobresale más el que contenta a más consumidores. En este mundo, regido por las leyes de la oferta y la demanda, florecen cantantes, estrellas de la televisión, y políticos con glamour escénico. El intelectual, con su pesada prosopopeya, con sus barbas de patriarca, se ha convertido en un trasto y un pelma. Así, señores, hemos acabado los del gremio. Llegada la democracia a plenitud, desatadas las libertades, el intelectual ha descubierto que su color no es el rojo auroral que pronosticaban los libros proféticos sino el sepia de los celuloides rancios. Como el Palinuro insepulto de Virgilio, el intelectual es un espectro que atiende en el inframundo a que den tierra a su cuerpo y le dejen reposar en paz.

sábado 14 de noviembre de 2009

Niña a favor de la LEC

jueves 12 de noviembre de 2009

Nacionalistas al fin y al cabo.


Alicia Sánchez-Camacho ha asegurado que está dispuesta a apoyar a CIU tras las próximas elecciones catalanas si la federación se "modera".
Hay nacionalistas violentos, acérrimos, de alta graduación...moderados. Hay muchos tipos de nacionalistas, y por mucho que maticemos no dejan de ser nacionalistas. Todos son nacionalistas al fin y al cabo.